Primer
encuentro.- De muy pequeño. Puesto en fila para salir del colegio e ir a jugar un
partido de fútbol me castigaron injustamente a quedarme porque me había
presentado en manga corta. Solo en el colegio, mientras decidía cabreado
que jamás volvería a jugar a fútbol, di en deambular por
unos pasillos que normalmente no frecuentábamos... y allí estaban
ellos, los minerales, esperándome. En unas vitrinas viejas y sucias, marcados
con etiquetas despegadas que casi no se podían leer, amontonados entre
fósiles, dientes, restos de experimentos y una rana despanzurrada y seca.
No gran cosa, desde luego: piritas, calcitas, pedernales, algún cuarzo
(¿amatista del Montseny, quizá?) y el inevitable espato de Islandia
desdoblando la línea de debajo, ...pero eran ellos y me miraban fijamente
diciéndome: te cazamos y no te librarás jamás de nosotros.
Y así fue.
Segundo
encuentro.- Ya de joven, en plenitud de facultades y gozando de una libertad
personal que no he vuelto a tener, entre muchos viajes y excursiones tuve ocasión
de cruzar el desierto del Sáhara desde Marruecos hasta Camerún. ¿Qué encontré a
cada paso?: minerales, minerales y más minerales: en los tenderetes improvisados
ante cada casa de Marruecos, en los recovecos de cualquier kasbah de Argelia
repletas de rosas del desierto y de bombas volcánicas, en los inmensos
bosques petrificados de Nigeria, y en las chozas de Camerún, todo eran
minerales que surgían a cada paso y te obligaban a detener el viaje continuamente.
Con tanto peso, el vehículo quedó finalmente fuera
de servicio y debido
a los impedimentos para repatriarlo, el viaje se alargó quince días
más de lo previsto, que aproveché para visitar a pie el interior
de Camerún, convivir con aquella gente y conocer unos espacios naturales
fuera de toda comparación.
Tercer
encuentro.- Pocos minerales llegaron a casa, porque se fueron perdiendo por el
tortuoso camino de la repatriación del vehículo, pero puesto en
conocimiento de Jordi --mi hermano-- todo aquel bagaje, nos animamos a realizar
algunos viajes a la búsqueda y captura del mineral. Para Jordi era distinto.
Él estaba enfrascado en sus estudios de biología,
pero ya profesaba una profunda devoción a los minerales y además
los empezó a ver como una forma posible de ganarse el pan de cada
día. Curiosa simbiosis la nuestra
--a veces explosiva-- que nos condujo a lugares legendarios (Mibladen,
Panasqueira, Áliva, Riotinto, Bou-Azzer, Eugui, La Collada, Cunha Baixa...)
y a vivir situaciones y peripecias irrepetibles. Fue un encuentro de mucha intensidad,
que se diluyó al ritmo de mis nuevas obligaciones familiares y de la creciente
profesionalización de Jordi, que se iba convirtiendo, poco a poco, en Fabre
Minerals.
Cuarto
encuentro.- Tras muchos años de alejamiento, los minerales me han vuelto
a encontrar. Por mi especialización en artes gráficas, en la rama
de composición
gráfica y digital, Jordi consideró que le podía servir de
ayuda en el momento en que su página web estaba superando exitosamente
las etapas del post-parto. Aquella ayuda se ha transformado en formar parte de
su equipo de trabajo, y así he quedado una vez más prisionero de
los minerales. No me los puedo quitar de encima, cada día me los encuentro
delante exigiéndome más y más atenciones, mostrándome
y escondiéndome continuamente sus mil caras. Son seres enigmáticos,
juguetones y obstinados que no sueltan fácilmente a su presa... pero ¡qué le
vamos a hacer!, a pesar de todo, los amo.